Agricultura de Conservación en Europa
 

Índice

 

1. Resumen

2. Introducción

3. Perspectiva medioambiental agricultura tradicional vs. de conservación

4. Economía comparativa agricultura tradicional vs. de conservación

5. Estado del desarrollo de la agricultura de conservación en el mundo

6. Política medioambiental y agrícola de la Unión Europea y su relación con la agricultura de conservación

7. Comentarios finales y conclusiones

8.  Referencias

Anexo 1: Modalidades de agricultura de conservación

Anexo 2: Fotografías:

  • Agricultura convencional

  • Agricultura de conservación

 

1. Resumen

 

Hay una clara interdependencia entre la agricultura y el medioambiente. Así, en la Unión Europea (UE) el 50% del territorio se dedica a agricultura y el 27% a bosques. En la últimas décadas la Política Agraria Comunitaria (PAC) ha favorecido la modernización de la agricultura europea. Sin embargo, dicha modernización ha venido acompañada de efectos perjudiciales para el medioambiente. De hecho, la agricultura convencional, que se caracteriza, entre otros aspectos, por el laboreo intensivo del suelo y/o la quema de rastrojo, está aún ampliamente extendida en Europa, por lo que persisten los efectos negativos que dichas prácticas ocasionan en la calidad del suelo y de las agua superficiales, la climatología, la biodiversidad y el paisaje.

La degradación de los suelos agrarios debido a los procesos de erosión y compactación es posiblemente el principal problema medioambiental causado por la agricultura convencional. En Europa la erosión afecta actualmente a unos 157 millones de hectáreas (16% de la superficie europea, casi 3 veces la superficie total de Francia). La tasa media de erosión de los suelos agrarios en Europa (17 toneladas por hectárea y año) supera ampliamente la tasa media de formación de suelo (1 toneladas por hectárea y año). La erosión afecta a la mayor parte de los países de la UE, y sobre todo al área Mediterránea. En dicha área, un 50-70% de su suelo agrícola tiene un riesgo de moderado a alto de erosión. La intensificación de la agricultura convencional (aumento de la mecanización y del laboreo del suelo) en los últimos 50 años ha contribuido en gran medida a agravar los procesos erosivos y a aumentar el riesgo de desertificación de las zonas más vulnerables.

La erosión de los suelos agrarios tiene una considerable incidencia económica negativa sobre la producción agrícola y sobre las infraestructuras/ obras públicas próximas a las zonas agrícolas afectadas (corrimientos de tierras en carreteras, colmatación de embalses, entre otros). Se estiman los daños directos producidos por la erosión sobre la producción agrícola en un 25% de los costes de ésta (53 euros por hectárea y año) y los indirectos causados sobre obras de infraestructura civil en 32.5 euros por hectárea y año.

Las prácticas de la agricultura convencional contribuyen al deterioro de la calidad de las aguas superficiales. Los sedimentos de los suelos agrícolas erosionados que se transportan en las aguas de escorrentía son el contaminante más importante de éstas. Con los sistemas de agricultura de conservación se reduce en gran medida la erosión del suelo (más del 90% en el caso de siembra directa/ no laboreo, y más del 60% en el laboreo reducido) lo que se traduce en una mejor calidad de las aguas superficiales debido a la reducción de los sedimentos. Además, dicha reducción de sedimentos conlleva una disminución estimada de mas del 70% de los herbicidas transportados, y más del 85% de los óxidos de nitrógeno y del 65% de los fosfatos solubles, y además se reduce en un 69% las pérdidas de agua por escorrentía, en comparación con áreas en donde se llevan a cabo labores de suelo convencionales. Todo lo anterior representa en su conjunto una mejora muy importante de la calidad de las aguas superficiales.

En la agricultura convencional debido a la quema de rastrojo y el laboreo intensivo del suelo, se producen emisiones extras de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera y se reduce la capacidad de almacenamiento en el suelo de carbono (C). Esto se traduce en una disminución de su materia orgánica y por otro lado en un aumento del calentamiento global de la tierra. Históricamente, el laboreo intensivo de los terrenos agrícolas ha sido la causa principal de la disminución del C en el suelo (> 50% después de 20-30 años de laboreo). Dichos efectos negativos se eliminan al adoptar prácticas conservacionistas tales como siembra directa (no laboreo) y el laboreo de no inversión (no volteo del suelo).

La biodiversidad se reduce considerablemente en la agricultura convencional puesto que en ésta el suelo permanece desnudo durante largos periodos de tiempo, sin suministrar alimento ni cobijo para gran parte de la fauna en períodos críticos de su desarrollo. Por el contrario, la agricultura de conservación al dejar residuos vegetales en la superficie del suelo proporciona unas condiciones adecuadas para el desarrollo de numerosas especies (aves, pequeños mamíferos, reptiles, invertebrados del suelo tales como lombrices o predadores de plagas).

La agricultura de conservación consiste en diversas prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo agrícola alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, y evitando también su erosión y degradación. Esta nueva agricultura incluye diversas modalidades tales como la siembra directa (no laboreo), el mínimo laboreo (reducido, en donde no se incorporan o sólo en muy breves periodos, los residuos de cosecha), y el establecimiento de cubiertas vegetales entre sucesivos cultivos anuales o entre hileras de arboles en plantaciones de cultivos leñosos. En términos generales, con las técnicas conservacionistas el suelo queda protegido de la erosión y escorrentía, se aumentan la formación natural de los agregados del suelo, la materia orgánica y la fertilidad, y a su vez se disminuye la compactación debido al tránsito de la maquinaria agrícola. Además, tiene lugar una menor contaminación de las aguas superficiales, se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera y se aumenta la biodiversidad.Otro factor importante de la agricultura de conservación es su mayor rentabilidad económica en comparación con la convencional. En ésta el laboreo del suelo requiere elevadas inversiones en adquisición y mantenimiento de maquinaria agrícola, combustible y mano de obra. Así, por ejemplo, con el sistema de no laboreo en el olivar y en cultivos anuales se ahorran unos 60-80 y 31.5 litros de gas-oil por hectárea y año, respectivamente. En términos generales, la agricultura de conservación reduce el consumo de energía y el trabajo que conllevan las operaciones propias del laboreo entre un 15-50%, y se incrementa el rendimiento energético entre el 25% -100%.

En las últimas décadas se han llevado a cabo en muy diversos países del mundo y también en Europa, un gran número de trabajos científicos y técnicos que avalan las ventajas agronómicas y medioambientales de la agricultura de conservación. Además, dichas técnicas conservacionistas se han incorporado masivamente a la agricultura de países tales como EE.UU., Canadá, Brasil, Argentina, entre otros; pero no ha ocurrido así en Europa. La UE necesita, por tanto, cambiar su tecnología agrícola, dejando atrás las prácticas agrícolas convencionales que destruyen el suelo y adoptar las nuevas tecnologías que conservan e incluso «regeneran» los recursos naturales de vital importancia (suelo, agua y aire).

 

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2. Iintroducción  

 

En la UE la importancia de actividad agrícola y forestal en el medio ambiente se pone de manifiesto al reseñar que el 50% y 27% de su territorio se dedican a la agricultura y a zonas forestales, respectivamente. Por tanto, existe una clara interdependencia entre agricultura y medio ambiente (24).

La Política Agraria Comunitaria (PAC) ha favorecido la modernización de la agricultura en la UE. Sin embargo, dicha modernización ha venido acompañada de efectos perjudiciales para el medioambiente (24). De hecho, la agricultura convencional, que se caracteriza, entre otros aspectos, por el laboreo intensivo del suelo y/o la quema de rastrojo, está aún ampliamente extendida en Europa, persistiendo así los efectos negativos que dichas prácticas ocasionas sobre los suelos agrarios (erosión y degradación), las aguas superficiales (contaminación por sedimentos, nitratos y pesticidas), el clima, la biodiversidad y el paisaje (24).

El objetivo de este trabajo es dar una información general sobre los efectos medioambientales negativos que ocasiona la agricultura convencional en Europa, y, por otro lado, poner de manifiesto la necesidad de superarlos a través de la implantación de la

 

3. Perspectiva medioambiental agricultura convencional vs. agricultura de conservación

La agricultura convencional tiene prácticas perjudiciales para el medio ambiente tales como la quema de los restos de cosecha y el laboreo de inversión (volteo del suelo), que se lleva a cabo para controlar las malas hierbas y preparar el lecho de siembra. Como se indicará más adelante, dichas técnicas incrementan considerablemente la erosión y la compactación del suelo, a la vez que contaminan las aguas superficiales con sedimentos, fertilizantes y pesticidas. Además, se disminuye el contenido en materia orgánica y la fertilidad del suelo, y se aumenta la emisión de CO2 a la atmósfera, contribuyendo así al calentamiento global del planeta, entre otros graves efectos (por ejemplo, disminución de la biodiversidad).

La agricultura de conservación consiste en una serie de prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo que altera lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, defendiéndolo de la erosión y degradación. Algunas de las técnicas que constituyen la agricultura de conservación son la siembra directa (no laboreo), el laboreo reducido (mínimo laboreo), la no incorporación o incorporación parcial de los restos de cosecha, y el establecimiento de cubiertas vegetales ­bien de vegetación espontánea o a través de la siembra de aquellas especies que reúnan condiciones apropiadas­ en cultivos leñosos o entre cultivos anuales sucesivos (ver Anexo 1 para más detalles).

En general, la agricultura de conservación incluye una serie de técnicas que reducen, cambian o eliminan el laboreo del suelo y evitan la quema de rastrojo con objeto de mantener suficiente cobertura de residuos vegetales en el suelo a lo largo de todo el año. De esta forma, y como se indicará en las páginas siguientes, el suelo reduce su compactación, queda protegido de la erosión y de las aguas de escorrentía, a la vez que aumenta de forma natural la estabilidad de los agregados del suelo, el contenido de materia orgánica y su nivel de fertilidad. Todo ello contribuye a disminuir en gran medida la contaminación de las aguas superficiales y la emisión de CO2 a la atmósfera, además de favorecer la biodiversidad.

 

 

3a. Degradación del suelo

A nivel mundial la erosión es el principal problema medioambiental que ocurre en la agricultura convencional, y por consiguiente es el más importante que hay que afrontar para que se mantenga la capacidad productividad de los suelos agrarios. Así, en los últimos 40 años, cerca de un tercio de los suelos agrícolas de la Tierra han dejado de ser productivos para usos agrícolas debido a la erosión (41). Más aún, dicho proceso de pérdida de suelo agrario sigue ocurriendo en unos 10 millones de hectáreas por año (41). En Europa, la erosión también es un problema muy grave en muchas áreas, y afecta a todos los países de la UE en mayor o menor medida (49). Aproximadamente 115 millones de hectáreas (12% de la superficie total de Europa, unas tres veces la superficie de Francia) y 42 millones de hectáreas (4% de la superficie de Europa) están afectadas por la erosión hídrica y eólica, respectivamente (39). De forma similar, 25 millones de hectáreas están seriamente amenazadas por la erosión en Europa Occidental y Central (21), siendo el área Mediterránea, la zona donde la erosión y consiguiente degradación del suelo es más severa. En dicha área Mediterránea se han estimado pérdidas de entre 20 y 40 toneladas de suelo por hectárea después de una tormenta, e incluso de hasta más de 100 toneladas por hectárea en eventos extremos (37). En España, más de un 50% del suelo agrícola está clasificado con un riesgo medio-alto de erosión (43), y en Andalucía esta cifra alcanza el 70% (19).

La pérdida media de suelo por hectárea debida a la erosión se estima en unas 17 toneladas por año, la cual supera dramáticamente la tasa media de formación de suelo (aproximadamente 1 tonelada por hectárea y año) (47). Además, el problema de erosión en Europa va en aumento (6,21), así como el riesgo de desertificación de sus áreas más vulnerables (24). La intensificación de la agricultura convencional en los últimos 50 años, caracterizada por una mayor mecanización y laboreo del suelo, ha contribuido en gran medida a agravar los procesos erosivos, especialmente en Europa Occidental (24).

 
Fig. 1. Eficacia (%) de la agricultura de conservación (modalidad siembra directa/ no laboreo) en la reducción de la erosión en comparación con el laboreo tradicional en Indiana, EE.UU. (46).

La capacidad productiva de los suelos erosionados es menor que la de los suelos no erosionados debido a que la erosión reduce la fertilidad y la capacidad de almacemiento de agua del suelo. Por ejemplo, el rendimiento en zonas afectadas de forma severa por la erosión fue entre un 9% y 34% menor que la de los suelos ligeramente erosionados (38). De forma similar, suelos con textura ligera que presentan generalmente altas tasas de infiltración hídrica, después de varios años de laboreo intenso suelen presentar lechos de siembra muy frágiles, extremadamente sensibles al impacto de las gotas de lluvia. De este modo, la tasa de infiltración se reduce, la escorrentía aumenta y la capacidad de almacenamiento de agua disminuye (30).

El uso de elevadas cantidades de fertilizantes y pesticidas y el riego ayudan a aliviar los efectos negativos de la erosión, pero pueden originar problemas adicionales de contaminación, contribuir a la destrucción de hábitats naturales, y aumentar el gasto energético y los costes. Se estima que la erosión requiere aumentar cada año un 25% los costes de producción para mantener el mismo nivel productivo (41). Por otra parte, con el no-laboreo o laboreo reducido se incrementa el volumen y la densidad del suelo (3), la estabilidad de los agregados y la orientación vertical de los poros, lo que resulta en una menor compactación del suelo y una mayor facilidad de tránsito de la maquinaria en periodos de lluvia, en comparación con el laboreo convencional (22, 45).

La erosión de los suelos agrarios en Europa (al igual que en cualquier otra área del planeta) se produce principalmente porque los sistemas de producción agrícola convencionales queman el rastrojo de la cosecha anterior y dejan el suelo desnudo durante la estación lluviosa. El laboreo excesivo del suelo y el que se lleva a cabo en condiciones de baja humedad, deterioran la estructura del suelo e incrementan su riesgo de erosion (24).

Durante las décadas de 1950 y 1960 para reducir la erosión se recomendaba labrar siguiendo las curvas de nivel, si bien esto suponía elevar algo más el coste y sólo era parcialmente efectivo. En las últimas décadas se han llevado a cabo numerosos trabajos que han permitido desarrollar las técnicas de agricultura de conservación. En resumen, consisten en no quemar el rastrojo, no labrar y mantener el resto de cosecha sobre la superficie del suelo. Estas prácticas conservacionistas son muy eficaces en reducir la erosión (90-95%) (Fig. 1).

3b. Calidad del suelo

La calidad de un suelo está determinada principalmente por su contenido en materia orgánica, si bien éste es variable y muy sensible a los sistemas de manejo el suelo. Al margen de ciertas áreas geográficas que reciben elevadas cantidades de abonos orgánicos, la materia orgánica de los suelos de muchas zonas agrícolas de Europa está disminuyendo como consecuencia de agricultura moderna intensiva (24). Por ejemplo, el Centro de Prospección del Suelo e Investigación del Territorio de Gran Bretaña (Soil Survey and Land Research Centre) ha puesto de ma nifiesto que el número de localidades con un alto contenido en materia orgánica (> 4%) después de estar 15 años, de 1980 a 1995, bajo régimen de agricultura convencional, ha disminuido considerablemente (Fig. 2).

 

Fig. 2. Evolución del contenido en carbono orgánico (%) en la capa superficial en suelos cultivados de Inglaterra y Gales de 1980 a 1995. Datos del Centro de Prospección del Suelo e Investigación del Territorio (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Gran Bretaña, 1997, citado en 24).

Resultados similares han obtenido investigadores de otros centros de investigación, pudiéndose concluir que la mayoría de los suelos agrícolas después de 20 años de laboreo intensivo han perdido el 50% del carbono del suelo (Fig. 3) (33). Es bien conocido que la disminución de la materia orgánica del suelo deteriora su estructura, estabilidad de agregados, actividad biológica, y capacidad de retención de agua y nutrientes. Además, a medio y largo plazo se hacen más vulnerables a la erosión, compactación, acidificación, salinisación, carencia de nutrientes y sequía (24).
Fig 3. Evolución del contenido de materia orgánica del suelo según años de cultivo convencional (laboreo) (33).

 

Por otro lado, está ampliamente contrastado que cuando se cambia de la agricultura convencional (laboreo intenso) a la de conservación (siembra directa/ no laboreo) el contenido en materia orgánica del suelo aumenta con el tiempo (Fig. 4a y 4b) (28; 29).

El contenido de agua del suelo es con frecuencia un factor limitante de la productividad agrícola, especialmente en zonas de secano. Numerosos informes científicos ponen de manifiesto que las técnicas conservacionistas, y en particular la siembra directa, aumentan el contenido hídrico del perfil del suelo en comparación con las técnicas convencionales (laboreo), sobre todo en años de baja pluviometría (4). El rastrojo mantenido sobre la superficie del suelo disminuye la evaporación del mismo, mientras que el laboreo la incrementa.

 

 
Fig. 4a. Efecto a largo plazo de diferentes técnicas de manejo de suelo (siembra directa/ no laboreo, mínimo laboreo y laboreo tradicional) sobre el contenido de materia orgánica en la capa superficial -50 cm- (Tomejil, Carmona, Sevilla) (28).

 

Fig. 4b. Contenido en materia orgánica a dos profundidades después de 18 años de cultivo de maíz bajo diversos regímenes de cultivo (no laboreo, cincel, grada de disco y vertedera (Ontario, Canadá) (29).

 

3c. Calidad de agua

Sedimentos de suelo. Se considera que son los contaminantes más importantes de las aguas superficiales y de los ecosistemas acuáticos. Dificultan la penetración en el agua de la luz que las plantas acuáticas necesitan para la fotosíntesis y deterioran los hábitats de peces y otros organismos (11). Otros contaminantes de ecosistemas acuáticos son en orden decreciente los siguientes: nutrientes, patógenos, materia orgánica, metales pesados y pesticidas (11) (Fig. 5).
Fig. 5. Contaminantes de las aguas superficiales en orden decreciente (11).

 

Los sedimentos provienen de los suelos erosionados y se transportan en el agua de escorrentía fuera del área en la que se produjo la erosión. Los daños que se ocasionan son diversos: agrietamientos del suelo, formación de cárcavas, deterioro de vías de comunicación, obstrucción de redes de riego y alcantarillado, colmatación de estanques, pantanos y vías de comunicación fluvial, y deslizamientos de terreno, entre otras. Además, aumentan el riesgo y la severidad de las inundaciones que pueden acontecer en zonas bajas, así como el coste de los tratamientos del agua de consumo público. Se estima que un 40% de los costes de la erosión se debe al daño causado por los sedimentos en las infraestructuras publicas antes referidas (41). Por lo anterior, se estima que llevando a cabo las técnicas conservacionistas se conseguiría disminuir los costes de reparación de obras públicas en unos 32 euros por hectárea agrícola y año. Los daños que causa la erosión en su conjunto, es decir en las zonas agríco

las afectadas y fuera de éstas en la infraestructura de las obras públicas referidas, se han estimado en EE.UU. en unos 85.5 euros por hectárea agrícola y año (41).

Las técnicas conservacionistas de siembra directa/ no laboreo y laboreo mínimo reducen la erosión del suelo en más de un 90% y 60%, respectivamente, en comparación con el laboreo convencionall (9, 46). De este modo, se mejora muy considerablemente la calidad de las aguas superficiales debido a la reducción de los sedimentos de suelo en las mismas.

Uso de agroquímicos. Los fertilizantes y pesticidas que provienen de zonas agrícolas pueden llegar a contaminar las aguas superficiales al ser arrastrados por las aguas de escorrentía fuera de las zonas agrícolas en donde se aplicaron. Incluso, a veces los nitratos y los pesticidas transportados en las aguas superficiales pueden sobrepasar las concentraciones límites de las aguas potables. Es obvio que a altas concentraciones, los pesticidas pueden ser perjudiciales para los peces, plantas y otros organismos acuáticos. El nitrógeno en forma de amonio puede ser tóxico para los peces y los nitratos y fosfatos intensifican el crecimiento de plantas y algas, acelerando la eutrofización de lagos y embalses.

El rastrojo, o restos vegetales de la cosecha anterior sobre el suelo que caracteriza a la agricultura de conservación, retienen en gran medida los fertilizantes y pesticidas en la zona agrícola en que fueron aplicados, hasta que son utilizados por el cultivo o descompuestos en otros componentes inactivos. Así, las técnicas conservacionistas no sólo reducen muy considerablemente la escorrentía sino que también propician una fuerte adsorción de pesticidas, amonio y fosfatos por los sedimentos (26). En consecuencia con lo anterior, se ha estimado que mediante el no laboreo o laboreo mínimo (superficial, de no inversión/ volteo) el arrastre de herbicidas en las aguas se reduce sustancialmente, y de forma similar los nitratos (> 85%) y fosfatos solubles (> 65%) (32). A este respecto, si se comparan diversos métodos de laboreo se puede concluir que mediante la siembra directa/ no laboreo se reduce en las aguas superficiales el transporte de herbicidas en un 70%, los sedimentos en un 93% y la escorrentía en un 69%, en comparación con el laboreo convencional de volteo (26). Se concluye, pues, que las técnicas conservacionistas mejoran sustancialmente la calidad del agua (9, 26).

En la agricultura de conservación se usan diferentes métodos de aplicación de agroquímicos y en términos generales se puede reducir la cantidad total de los mismos que se aplica. Así, por ejemplo, los fertilizantes en lugar de aplicarlos a voleo se suelen localizar en bandas o surcos, a una cierta distancia de la semilla de siembra, o bien se inyectan directamente en suelo; de esta forma se minimiza el riesgo de ser dispersados por la lluvia o el viento fuera de la zona en la que se aplicaron. De forma similar, el control de malas hierbas no suele requerir en muchas situaciones una mayor cantidad de herbicida que en la agricultura convencional. Además, las aplicaciones específicas de herbicidas en la agricultura de conservación son tratamientos en post-emergencia de las malas hierbas y de vida media muy corta, sin actividad o con muy poca actividad a través del suelo, y en definitiva, en la mayoría de los casos de muy baja ecotoxicología. Por otro lado, diversos sistemas de manejo de malezas, tales como el estrechamiento de las hileras de siembra y/o aumento de la densidad de plantas por unidad de superficie, y el establecimiento de cultivos cubierta se adaptan muy bien a las técnicas conservacionistas (8).

3d. Emisiones de CO2 y calentamiento global del planeta

La temperatura media anual de Europa ha aumentado entre 0.3 y 0.6 C desde 1990, y se espera que siga aumentando (24). Las elevadas emisiones de CO2 a la atmósfera debido al uso de combustibles fósiles es la principal causa del referido calentamiento global. Al parecer, el factor clave para controlar este fenómeno sería la estabilización de las concentraciones de CO2 en la atmósfera.

A nivel mundial, el sector agrícola produce solo una quinta parte de los gases de invernadero (CHG) que provocan dicho calentamiento global, siendo el causante del 50% al 70% de las emisiones de metano y de óxido nítrico, y de un 5% de las de CO2 (12). La deforestación, los incendios forestales y otros cambios de uso del territorio causan otro 14% de emisión adicional. La agricultura convencional es uno de los principales factores causantes del cambio climático. La práctica de laboreo de inversión/ volteo del suelo en sí mismo es la causa principal de las emisiones de CO2 en las áreas cultivadas (35). Hay evidencias científicas de que el laboreo es un factor determinante en el incremento del CO2 atmosférico que se ha detectado en las últimas décadas (35).

Históricamente, el laboreo intensivo de las tierras agrícolas ha causado pérdidas sustanciales (desde un 30% al 50%) del carbono del suelo (20). Estas pérdidas de CO2 se deben a la fragmentación del suelo que ocasiona el laboreo y que facilita el intercambio de CO2 y O2 desde el suelo a la atmósfera y viceversa. Las operaciones que se efectúan en la agricultura convencional (laboreo de inversión, con arado de volteo, grada de discos o rotavator) entierran los restos vegetales y dejan el suelo en condiciones óptimas para que se produzcan pérdidas de CO2, a la vez que se reduce el efecto sumidero de CO2 del suelo. De forma similar, la intensificación de la agricultura es un factor importante que favorece las emisiones de gases que producen el efecto invernadero (CHG); se estima que las actividades agrícolas causan un 20% del referido efecto invernadero (13). Todo lo anterior contribuye al calentamiento global del planeta.

Por el contrario, en la agricultura de conservación (siembra directa/ no laboreo) el contenido de carbono del suelo se incrementa anualmente en una cantidad de 1 ó mas toneladas por hectárea y año (2). Por esto, se estima que en los 17 millones de hectáreas incluidas en el Programa de Conservación de EE.UU. (y que engloba terrenos con riesgo elevado de erosión que se han convertido en praderas de no laboreo permanente) se contribuirá a una reducción del 45% del CO2 emitido en zonas agrícolas de dicho país (27). En consecuencia, y siempre en base a sólidos resultados científicos, hay actualmente una fuerte tendencia a favor de la adopción de las técnicas conservacionistas a fin de prevenir las pérdidas del carbono del suelo, las emisiones extra de CO2 a la atmósfera y a la vez para aumentar el contenido de carbono del suelo (35, 40, 42).

Conforme menos se laborea el suelo éste adsorbe y almacena más carbono y por consiguiente sintetiza más materia orgánica, lo que a largo plazo aumenta su capacidad productiva, y al mismo tiempo disminuye el CO2 que se libera a la atmósfera. Los suelos con alto contenido en materia orgánica son potencialmente más productivos y contaminan menos las aguas superficiales, por ser menos erosionables y tener una mayor capacidad de adsorber/ inmovilizar y degradar compuestos agroquímicos y otras sustancias contaminantes. Se estima que si se aplicaran las técnicas conservacionistas en el 100% de los suelos agrícolas de Europa, se mitigarían todas las emisiones de carbono que provienen de la agricultura euro pea, lo que equivale a sólo un 4.1% del CO2 de origen antropogénico producido anualmente en Europa y a sólo 0.8% del CO2 del mismo origen que se produce a nivel mundial (44).

 

3e. Biodiversidad

Más fauna. La agricultura convencional deja el suelo desnudo durante largos períodos de tiempo. Dicho hábitat no es apropiado ni proporciona alimentos suficientes para que muchas especies de aves puedan anidar. Por el contrario, los sistemas agrícolas con abundantes restos de cosecha sobre el suelo proveen alimento y refugio a muchas especies animales durante períodos críticos de su ciclo de vida. De ahí que con la agricultura de conservación prosperen gran número de especies de pájaros, pequeños mamíferos, reptiles, y lombrices, entre otros. Por ejemplo, se ha demostrado en numerosos estudios que en las zonas agrícolas no labradas hay mayor diversidad (número de especies) y densidad de aves, y de cría/ nidificación de éstas, en comparación con las zonas convencionalmente labradas (5). En definitiva, con las técnicas conservacionistas se constituyen hábitats que proporcionan más alimento (insectos, semillas vegetales) para las aves, lo que da lugar a mayores poblaciones de éstas (48).

Fauna del suelo. Comprende gran número de especies y de individuos, desde microorganismos (bacterias y hongos, que pueden llegar a unos 3 billones de individuos por gramo de suelo) a lombrices de 20 cm de longitud, con poblaciones de hasta 9.5 millones por hectárea (41). La gran mayoría de las especies que constituyen la fauna del suelo son beneficiosas para la agricultura y contribuyen de alguna forma a la formación del suelo, a la movilización de nutrientes y al control biológico de los organismos considerados como plagas. En definitiva, la agricultura de conservación permite el desarrollo de una estructura viva en el suelo, más estratificada, más rica y diversa en organismos tales como microorganismos, nematodes, lombrices e insectos (microartrópodos) (36; 50).

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4. Economía comparativa de la agricultura tradicional vs. agricultura de precisión

 

En la agricultura convencional se requieren inversiones en maquinaria, combustible y mano de obra considerablemente mayores que las de la agricultura de conservación, especialmente en la modalidad siembra directa/ no laboreo. Por ejemplo, en campos de olivos en régimen de no laboreo se ahorra entre 60 y 80 litros de gas-oil y unas 3 a 5 horas de trabajo por hectárea y año, en comparación con olivares labrados de la forma convencional (10). En general, con la agricultura de conservación se reduce el consumo de energía y se aumenta la productividad energética ­esto es la proporción entre rendimiento energético obtenido y energía invertida­ en un rango del 15%-50% y 25%-100%, respectivamente (31).

La siembra directa/ no laboreo requiere solamente una única operación o pase de maquinaria para la siembra, en lugar de las 2 ó 3 operaciones necesarias para la preparación del suelo y la siembra propiamente dicha que se requieren en la siembra convencional. Este hecho hace que se reduzcan los costes de adquisición y mantenimiento de maquinaria en unos 97 euros por hectárea y año (41). Lo que conllevaría un ahorro de unos 1959 euros en una explotación de 200 hectáreas. De forma similar, la siembra directa/ no laboreo permite un ahorro de combustible de 31.5 litros de gas-oil por hectárea y año en comparación con la convencional (41). En cultivos anuales en las condiciones del sur de Europa, se estima un ahorro entre 40 y 60 euros por hectárea y año a favor de la siembra directa (1). Este ahorro de costes de la agricultura de conservación normalmente compensa los gastos propios de las técnicas conservacionistas (por ejemplo, aplicaciones específicas de herbicidas y/o la adquisición de sembradoras de «siembra directa»).

Por lo anterior, en muchas regiones el principal motivo que conduce a los agricultores a adoptar las técnicas conservacionistas son los menores costes de producción, o lo que es lo mismo, el conseguir una mayor rentabilidad económica. Así ocurre en zonas geográficas donde el suelo no tiene problemas de erosión y/o en países donde la agricultura no está subsidiada por los gobiernos, como es el caso de Argentina y Brasil. En muchas otras situaciones y/o regiones, el beneficio directo de las técnicas de conservación radica no sólo en las menores inversiones en maquinaria, combustible y mano de obra sino también en el entendimiento y adopción del concepto ético que conlleva usar los recursos productivos (suelo, agua, biodiversidad) de mejor forma y dejarlos en mejores condiciones para las generaciones futuras (7).

 

5. Estado del desarrollo de la agricultura de conservación en el mundo

 

Las distintas modalidades de la agricultura de conservación han crecido de modo espectacular en los últimos 15 años (Fig. 6). Así, se han cultivado en régimen conservacionista 78 millones de hectáreas de cultivos anuales en 1996, con una tendencia clara a seguir creciendo (18). La técnica de siembra directa/ no laboreo, que dentro de la agricultura de conservación es la mejor opción medioambiental, ha aumentado en los últimos 10 años desde 6 a 47.5 millones de hectáreas a nivel mundial.

 
Fig.6. Agricultura de conservación en cultivos anuales a nivel mundial en 1997 (Total = 47,5 millones de hectáreas (18). .

EE.UU. ha sido el país pionero en la adopción de las técnicas conservacionistas y actualmente lidera en cierto modo el desarrollo de la agricultura de conservación (Fig. 7) (18). Lo anterior en gran parte se debe a que las administraciones de EE.UU. las han apoyado abiertamente mediante acciones administrativo- económicas («Farm Bills» de 1985, 1990 y 1996)
Fig. 7. Evolución de la agricultura de conservación en EE.UU (18). siembra directa, agricultura de conservación en su conjunto.

 

. En dicho país en 1997, de un total de 120 millones de hectáreas cultivadas, un 37% ya habían adoptado alguna de las modalidades conservacionistas (manteniendo más de un 30% del suelo cubierto por restos de cosecha), mientras que en un 36.5% todavía se seguían realizando prácticas convencionales de laboreo (con una cobertura vegetal menor del 15%), y en el resto de la superficie cultivada se realizaba una agricultura intermedia (cobertura entre el 15% y el 30%). En 1997 en EE.UU. se sembraron 18 millones de hectáreas en régimen de siembra directa/ no laboreo (18)

Otros países pioneros en la agricultura de conservación son Australia, Canadá, Brasil y Argentina. En estos dos últimos países, en los que la agricultura no está subsidiada por la administración, el número de hectáreas bajo siembra directa ha ascendido desde unos miles de hectáreas en 1992 a más de 12 y 7 millones de hectáreas en 1998, respectivamente.

Desgraciadamente, la agricultura de conservación en Europa está en la actualidad escasamente implantada (se estima en menos del 1%-2% de la tierra cultivada). Francia y España son los dos países europeos en los que estas técnicas están más extendidas, si bien en 1998 han sido adoptados en sólo 1 y 0.6 millones de hectáreas de cultivos anuales, respectivamente. No obstante, debe reseñarse que las técnicas conservacionistas se adaptan bien a la mayoría de las situaciones agrícolas europeas.

 

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6. Política medioambiental y agrícola de la Unión Europea y su relación con la agricultura de conservación

 

Muchos de los documentos de la UE establecen claramente los problemas medioambientales que causa la agricultura y/o la necesidad de encontrar soluciones a dichos problemas. A continuación mencionamos muy brevemente algunas afirmaciones de documentos relevantes:

6a. Agricultura y Medioambiente, Dirección General VI, Comisión UE (16)

«Los agricultores han de ser conscientes de la necesidad de proteger el medioambiente porque forma parte de su interés económico básico el preservar sus recursos naturales para futuras generaciones. En materia de conservación de la naturaleza tiene mucho más sentido evitar su deterioro que reparar el perjuicio hecho, sin contar que puede haber casos en los que el daño no se puede reparar.»

«La protección al medioambiente y la conservación de la naturaleza crean trabajo y costes extra para el agricultor; sin embargo, con pocas inversiones se podría alcanzar un claro beneficio medioambiental. No debemos considerar que esto es una tarea que presten los agricultores de forma altruista a la sociedad en su conjunto, si no que se les debe compensar a través de las medidas económicas arbitradas específicamente para ello».

6b. 5 Programa de Acción Medioambiental de la Comisión Europea (CE) (15)

La agricultura de conservación reúne los requerimientos que se derivan del 5 Programa de Acción Medioambiental de la Comisión Europea (CE) «Hacia la Sostenibilidad» (15), puesto que se proyecta en uno de sus cinco sectores clave a los que va dirigido (agricultura) y da soluciones a tres de los siete «temas claves», a saber: cambio climático, manejo de recursos hídricos, protección de la naturaleza y biodiversidad.

De forma similar, en el informe que se elabora cada cierto tiempo para el seguimiento del grado de realización de dicho Programa (aprobado el 19 de enero de 1996), una de las conclusiones sobre el sector agrícola es que «las autoridades públicas de los estados miembros junto con las organizaciones de agricultores, la industria de agroquímicos y organizaciones no gubernamentales deberán promover la concienciación y el aprendizaje de métodos extensivos de tecnología agraria sostenible: estas acciones deberán ser apoyadas por la UE».

 

6c. Agenda 2000: Política Agraria Comunitaria vs. Instrumentos Agro-medioambientales (25)

Hasta el momento «las ayudas para llevar a la práctica la Regulaciones de la UE en materia medioambiental» están en proceso de ser diseñadas. El 15 de julio de 1997, la Comisión adoptó un paquete de medidas llamado «Agenda 2000» (25), que es un documento estratégico clave en el que la Comisión establece su punto de vista sobre cómo la Unión Europea deberá desarrollar su política común más allá del año 2000. Entre otras medidas se esta blece la reforma de la Política Agraria Comunitaria e implicará que en los próximos años se dará un papel preponderante a los instrumentos agro-medioambientales para apoyar un desarrollo sostenible de zonas rurales y responder así a la creciente demanda social de servicios medioambientales. Las medidas encaminadas a mantener y mejorar la calidad medioambiental serán reforzadas y tendrán una mayor amplitud. Para integrar mejor el cuidado del medio ambiente dentro de las organizaciones de Mercado Común, la Comisión elaborará una propuesta para que los estados miembros establezcan pagos directos condicionados a que se respeten las medidas medioambientales. Además, se reforzará y fomentará una serie de medidas agro-ambientales concretas incrementando los presupuestos o, si es necesario, incluso a través de tasas más altas de cofinanciación.

6d. COM (98) 353 (14) y El Protocolo de Kyoto (34)

Como se ha establecido en la comunicación COM (98) 353 de la Comisión, «el CO2 es hasta el momento el gas más importante que contribuye al efecto invernadero. Las emisiones de este gas representan aproximadamente el 80% del impacto potencial que los gases en su conjunto contribuyen al calentamiento global del planeta». La agricultura de conservación puede ayudar a poner en práctica la comunicación COM (98) 353 de la Comisión para desarrollar estrategias efectivas contra el cambio climático, considerando a la vez El Protocolo de Kyoto que especifica «que los sumideros de CO2 incluyendo bosques y suelos agrícolas pueden contribuir a paliar el calentamiento global».

 

6e. Medioambiente de Europa: La Segunda Valoración (24)

Esta publicación pone especial atención a los problemas agro-medioambientales y desarrolla un capítulo específico titulado «Degradación del Suelo». Sin embargo, la Agencia de Medio Ambiente Europea reconoce claramente que «la degradación del suelo es un problema clave en Europa, pero para paliarla se han desarrollado pocas medidas administrativas y medioambientales en los últimos años (pág. 16)», y que «la erosión/ degradación del suelo sigue siendo un serio problema en muchas zonas, particularmente en el área Mediterránea. Sin embargo, se ha progresado muy poco para fomentar la conservación del suelo, siendo ésta una de las áreas en la que se pone especial atención en el EPE (Programa Medioambiental para Europa, conjunto de recomendaciones, pág. 20)». Además, se ha establecido que «la mayoría de los progresos claros para reducir las presiones negativas que se ejercen sobre el medio ambiente, se han conseguido en zonas donde se está desarrollando eficientemente un programa marco internacional. La ausencia de un programa marco Pan-Europeo, por ejemplo para degradación de suelo, ha retrasado los posibles progresos, demorando incluso el establecimiento o identificación de dichos problemas (pág. 7)». Desgraciadamente, en el mencionado capítulo dedicado a la degradación del suelo no se han elaborado consideraciones claras y específicas que engloben las técnicas de agricultura de conservación, siendo ésta una respuesta real al problema.

 

6f. Directrices hacia una agricultura sostenible (1999) (15, 17)

En este reciente documento se menciona que «una serie de aproximaciones tomadas por la Comisión van dirigidas a la integración del medioambiente en la agricultura en las consideraciones de la Agenda 2000». Más aún, «la agricultura sostenible se ha considerado como un objetivo dentro del Tratado de Amsterdam de la UE». A este respecto, los Comisarios de Agricultura y de Medio Ambiente han establecido que «la UE necesita redefinir la relación entre agricultura y medioambiente para ir hacia una agricultura sostenible». «Se han elaborado análisis y comentarios específicos sobre los problemas medioambientales derivados de las actuales prácticas agrícolas incluyendo la calidad el agua (nitratos y fosfatos), el uso de la tierra y el suelo (erosión y degradación), la falta de medidas efectivas contra la erosión en los sistemas de producción agrícola (quema de residuos o rastrojos), entre otros.

 

7. Comentarios finales y conclusiones

 

En Europa, la erosión y la degradación del suelo y otros problemas medioambientales que se derivan de la agricultura convencional son muy importantes. Hasta ahora la PAC no ha apoyado extensa y eficazmente la implantación de prácticas agrícolas compatibles con el medioambiente. A la luz de la tecnología disponible, la agricultura de conservación puede contribuir de forma eficaz a la solución de los problemas medioambientales que inciden gravemente en extensas zonas agrícolas europeas, a saber: la erosión y la pérdida de capacidad productiva de los suelos, la contaminación de las aguas superficiales, la emisión de CO2 a la atmósfera ­con la consiguiente contribución al calentamiento global del planeta­ y la disminución de la biodiversidad.

Es necesario que los agricultores europeos conozcan y se convenzan de la necesidad de adoptar una nueva agricultura (conservacionista), muy diferente de la convencional que llevan practicando durante décadas, en la que se labra el suelo intensamente. Para posibilitar dicho cambio tendrán que aprender nuevas técnicas, entre otras sobre control de malas hierbas y siembra directa, y a la vez adaptar y/o reorganizar el parque de maquinaria de sus explotaciones. Para ello, es necesario un gran esfuerzo en materia administrativa y de transferencia de tecnología por parte de las administraciones europeas, empresas privadas y organizaciones de agricultores.

La Agenda 2000 deberá ser el punto de inflexión en el que se inicia la integración real de buenas prácticas agrícolas y medioambientales en la Política Agraria Comunitaria,. Si bien lo anterior no es fácil, la nueva PAC deberá contemplar la puesta en práctica de la agricultura de conservación para que realmente se alcancen mejoras económicas y medioambientales sustanciales.

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8. Referências

 

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Anexo 1. Modalidades de agricultura de conservación

 

Agricultura de conservación. Dentro de las modalidades conservacionistas se incluyen las que cubren la superficie del terreno con restos de cosecha en al menos un 30%, con el fin de reducir la erosión producida por la escorrentía. En las áreas geográficas donde la erosión eólica es un problema importante, se considera necesario mantener una cantidad de rastrojo de al menos 1.100 kilogramos por hectárea en los momentos críticos en los que la erosión eólica tiene lugar.

Siembra directa/ no laboreo. El suelo no recibe labor alguna desde la recolección del cultivo hasta la siembra del siguiente, excepto para la aplicación de fertilizantes mediante inyección en bandas. Las sembradoras han de ir acompañadas de separadores de rastrojo (discos cortadores). Las cosechadoras adaptadas a este sistema suelen tener dispositivos o accesorios para el picado y esparcimiento de la paja. El control de las malas hierbas se realiza mediante el uso de herbicidas con bajo impacto ambiental. La siembra directa, es la mejor opción para el medioambiente en cultivos anuales. El empleo de un laboreo superficial y vertical para el control de las malezas sólo se debe de recomendar en casos excepcionales.

Laboreo en lomos. El suelo no recibe labor alguna desde la recolección hasta la siembra del cultivo siguiente excepto para la aplicación de fertilizantes mediante inyección en bandas. La siembra se realiza formando unos lomos con rejas o discos aporcadores que mantienen los restos de cosecha anterior entre los lomos. El control de malas hierbas se lleva a cabo con herbicidas de bajo impacto ambiental y/o cultivadores. Los lomos se reconstruyen al paso de los cultivadores.

Laboreo mínimo. Consiste en labrar superficialmente sólo días antes de la siembra mediante la utilización de cultivadores, gradas y arados de cincel. El control de malas hierbas se realiza mediante herbicidas de bajo impacto ambiental y/o cultivadores. En el caso de «laboreo sin inversión» el suelo se labra (pero no se invierte) inmediatamente después de la recolección para incorporar parcialmente los restos de cosecha, promover la germinación de plantas voluntarias y proporcionar cobertura en el suelo durante el período entre la recolección de un cultivo y la siembra del siguiente.

Cultivos cubierta. Consiste en sembrar especies concretas o dejar crecer la vegetación espontánea entre las hileras de árboles en cultivos perennes o en el período de tiempo que hay entre sucesivos cultivos anuales. De este modo se reduce la erosión y se controlan las malas hierbas. El desarrollo de la cubierta vegetal se termina o interrumpe mediante aplicación de herbicidas de bajo impacto ambiental («siega química») en el momento que se considera oportuno para posibilitar la siembra del cultivo siguiente en cultivos anuales o para que la cubierta no compita con la plantación de árboles.

Otros sistemas no considerados como conservacionistas suelen dejar menos de un 30% de residuo vegetal sobre la superficie del suelo. Consisten en sistemas de mantenimiento de suelo que intentan controlar la erosión por métodos alternativos: cultivos en franja, aterrazamientos y cultivos que se siembran siguiendo las curvas de nivel.

 

Anexo 2.

 

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Agricultura convencional. 1. La quema del rastrojo deja el suelo desprotegido, intensifica sus procesos de degradación y produce emisiones extras de CO2 a la atmósfera. 2 & 3. El laboreo del suelo, en particular con arado de vertedera y discos (inversión del suelo), intensifica la erosión, disminuye la materia orgánica y la biodiversidad, y es muy costoso. 4 & 5. Se observa escorrentía de sedimentos en muchas áreas de Europa después de las lluvias como consecuencia de la erosión de los suelos. 6. Los efectos de la erosión de los suelos en obras de infraestructura civil son muy importantes, estimándose hasta en un 40% del coste total de la erosión (unos 32 euros por hectárea agrícola y año).
   
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Agricultura de conservación. 1 & 2. El rastrojo de la cosecha anterior y la cubierta vegetal protegen el suelo de la lluvia y del viento, proporcionando además otras buenas consecuencias medioambientales. 3. La calidad del suelo mejora al aumentar la materia orgánica y la infiltración del agua. 4. El control de malas hierbas normalmente se lleva a cabo aplicando herbicidas de muy bajos efectos ecotoxicológicos, como alternativa a las agresivas labores del suelo 5. Los sistemas con alto contenido de residuos vegetales proporcionan alimento y refugio a muy diversas especies en periodos críticos. 6. El parque de maquinaria de las explotaciones necesita readaptarse para que las técnicas conservacionistas se lleven a cabo adecuadamente.

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