I CONGRESO MUNDIAL SOBRE AGRICULTURA DE CONSERVACIÓN: 

UN DESAFÍO MUNDIAL

Madrid (España), 1 - 5 de Octubre de 2001

 

Antecedentes

Área de descarga

Libros de Actas

Inicio

 

 

 

 

 

    INTRODUCCIÓN AL EVENTO (English version)

 

En las últimas décadas, la modernización de la agricultura ha venido acompañada por efectos perjudiciales para el medio ambiente. En efecto, la agricultura convencional, fundamentalmente caracterizada por laboreo intensivo y aportes externos para sustituir la materia orgánica agotada por los productos cosechados y los efectos de prácticas como la quema y/o empacado de rastrojos, son aún frecuentes en todo el mundo. Todo ello ha producido claros efectos negativos en las calidades del suelo, agua y aire, en el clima mundial y en la biodiversidad a todos los niveles, abarcando asimismo el paisaje y los ecosistemas.

 

   

 

La degradación del suelo debido a los procesos de erosión y compactación es probablemente el problema medioambiental más serio causado por la agricultura convencional. Se pierden anualmente unos 10 millones de hectáreas de tierra para uso agrícola, motivado por los procesos de degradación. La tasa media anual de erosión de los suelos en muchas regiones del mundo (17 toneladas por hectárea y año) supera ampliamente la tasa media de formación de suelo (1 tonelada por hectárea y año). La mayoría de los países tienen este problema en mayor o menor medida. Por ejemplo, en el área mediterránea, la erosión del suelo es muy severa y de un 50% a un 70% del suelo agrícola tiene riesgo de moderado a alto de sufrirla.

   

 

La intensificación de la agricultura convencional (aumento de la mecanización y del laboreo del suelo) en los últimos 50 años ha contribuido en gran medida a agravar los procesos erosivos y a aumentar el riesgo de desertificación de las zonas más vulnerables. La erosión de los suelos agrarios tiene una considerable incidencia económica negativa sobre la producción agrícola y sobre las infraestructuras/ obras públicas próximas a las zonas agrícolas afectadas (corrimientos de tierras en carreteras, colmatación de embalses, entre otros). Se estima que los daños directos producidos por la erosión sobre la producción agrícola aumenta en un 25% los costes de ésta (53 euros por hectárea y año). Además, si se suman los daños producidos en el lugar y fuera del mismo (on-site and off-site), los daños producidos por la erosión imputable a la agricultura, se estiman en 85,5 euros por hectárea y año. Las prácticas de agricultura convencional deterioran la calidad de las aguas superficiales.

 

En la agricultura convencional debido a la quema de rastrojo y el laboreo intensivo del suelo, se producen emisiones supérfluas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera y se reduce la capacidad de almacenamiento en el suelo  de carbono (C). Esto se traduce en una  disminución de su materia orgánica y por otro lado en un aumento del calentamiento global de la Tierra. 

 

Históricamente, el laboreo intensivo de los terrenos agrícolas ha sido la causa principal de la disminución del C en el suelo (> 50% después de 20-30 años de laboreo). Dichos efectos negativos se eliminan al adoptar prácticas conservacionistas tales como siembra directa (no laboreo) y el laboreo de no inversión (no volteo del suelo), lo que además permite una productividad sostenible.

 

 

 

La agricultura de conservación, consiste en diversas prácticas agronómicas que permiten un manejo del suelo agrícola alterando lo menos posible su composición, estructura y biodiversidad, y evitando también su  erosión y degradación. Esta nueva agricultura incluye diversas modalidades tales como la siembra directa (no laboreo), el mínimo laboreo (reducido, en donde no se incorporan  o sólo en muy breves periodos, los residuos de cosecha), y el establecimiento de cultivos cubierta entre sucesivos cultivos anuales o entre hileras de árboles en plantaciones de cultivos leñosos. 

 

En términos generales, con las técnicas conservacionistas el suelo queda protegido de la erosión y escorrentía, se aumentan la formación natural de los agregados del suelo, la materia orgánica y la fertilidad, y a su vez se disminuye la compactación debido al tránsito de la maquinaria agrícola. Además, tiene lugar una menor contaminación de las aguas superficiales, se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera y se aumenta la biodiversidad. Los resultados son significativos en lo que se refiere a la productividad del suelo y a su capacidad para mantener la producción animal y del cultivo.

 

 

En las últimas décadas se han llevado a cabo en muy diversos países del mundo y también en Europa, un gran número de trabajos científicos y técnicos que avalan las ventajas agronómicas y medioambientales de la agricultura de conservación. Además, dichas técnicas conservacionistas se han incorporado masivamente a la agricultura de países tales como EE.UU., Canadá, Brasil, Argentina, entre otros; pero no ha ocurrido así en Europa. La UE necesita, por tanto, cambiar su tecnología agrícola, dejando atrás las prácticas agrícolas convencionales que destruyen el suelo y adoptar las nuevas tecnologías que conservan e incluso “regeneran” los recursos naturales de vital importancia (suelo, agua y  aire).

 

Existen experiencias desde la adopción espontánea por parte de agricultores, adaptándose a las diferentes situaciones socio económicas y condiciones medioambientales, hasta estrategias para la difusión de estas técnicas de agricultura de conservación.

 

 

Secretaría Científica:  

Federación Europea de Agricultura de Conservación (ECAF),

CIFA Alameda del Obispo, Avda Menéndez Pidal, s/n, Apdo 3092, 14080 Córdoba (España) 

Teléfono y Fax: +34.957.760797

Correo electrónico: conservation.agriculture@ecaf.org

 

Nuestros sitios web:

FAO: http://www.fao.org/ag/AGS/AGSE/main.htm

ECAF: http://www.ecaf.org